La marcha desbordó todas las previsiones

La Marcha Federal Universitaria resultó ser una movilización histórica en defensa de la educación pública. En la CABA, cientos de miles de jóvenes, muchos en familia, se volcaron a las calles para reclamar por el cese de los recortes a las universidades. Desde los barrios, vecinas y vecinos agrupados en asambleas desde hace varios meses, también marcharon. La policía de la ciudad tuvo un rol discreto y no se registraron incidentes. Milei y las políticas de ajuste fueron el blanco preferido de la mayoría de los manifestantes
Desde temprano estudiantes en distintos puntos de la ciudad de Buenos Aires y del AMBA, también desde la ciudad de La Plata, comenzaron a concentrarse para marchar hasta el Congreso pasado el mediodía. La intención era hacer un alto, agruparse y luego marchar hasta Plaza de Mayo, uniendo una vez más dos de los puntos simbólicos de poder de la Nación. En muchos casos esto quedó en las intenciones, porque organizaciones sociales y, sobre todo, decenas de miles de personas reunidas en pequeños grupos o en familia, se dieron cita por fuera de las organizaciones.
Los subtes fueron elegidos por rápidos, sobre todo la Línea A, pero estuvieron todo el día atestados y con un lentitud llamativa. Desde temprano no paraban en las estaciones Congreso y Saenz Peña. Lo que sí funcionó fueron los teléfonos, a pesar de la concentración. Muchas pudieron seguir en tiempo real la ubicación de la persona con la que tenían el encuentro, para poder determinar en que estación se bajarían. Ahora, que luego se encontraran ya fue otro cantar, porque la cantidad de gente era tal que costaba moverse en cualquier punto de la Avenida de Mayo donde se encontraran.
La marcha fue compacta y esto incluyó las transversales y las paralelas, al punto que desde las 17:00 fue prácticamente imposible el acceso a la Plaza de Mayo. Recién cuando las agrupaciones, y la desconcentración en general, se fue haciendo efectiva se pudo acceder a una plaza aún llena, pasadas las 19:30 y con el escenario vacío. A esa hora lucía completa desde la Catedral en adelante, con dos ejes marcados: contra el Cabildo continuaban concentradas las agrupaciones de izquierda micrófono en mano, en el resto de la plaza miles de personas estaban reunidas en pequeños grupos.
Los medios hoy estiman en unas 800.000 personas presentes en las calles de la CABA en la jornada de ayer. Entre ellas se movilizaron las recientemente nacidas asambleas barriales. Desde nuestros barrios anunciaron que participarían organizadas las de Agronomía y Paternal, con las que no nos encontramos. Sí nos cruzamos con las asambleas de Caballito, Flores y Parque Chacabuco, pero como dijimos, era imposible desplazarse. También estuvieron presentes trabajadores de la salud de hospitales universitarios, tal el caso de los Concurrentes del Hospital de Clínicas.
El blanco de aquellos carteles caseros que personalizaban, confeccionados con cartulinas y a mano alzada, fue Milei, en buena medida Conan y la falta de presupuesto, si bien la mayoría marcaban la relevancia de la educación pública, muchos autorreferenciales y casi todos apuntando a un oscuro futuro sin educación.
Entre los consultados sobre los mensajes presidenciales o reenviados en el día de hoy por el presidente, la suma de las respuestas se sintetiza en irritación. Esto incluye el intento de presentar el aumento dado por el gobierno a último momento como un “consenso” o las amenazas enarbolando el cuestionado protocolo o el intento de la ministra de Seguridad de partidarizar el acto apuntando a Massa o Kicillof, presencias sólo advertidas para la prensa.
El denunciado protocolo antipiquetes tuvo su prolegómeno en la Legislatura porteña. De acuerdo a lo publicado por “La Política online”, opositores y aliados del oficialismo le pidieron al jefe de Gobierno que la policía porteña controle la movilización. Fueron treinta legisladores porteños los que le pidieron a Jorge Macri que evite la intervención de Patricia Bullrich en la marcha universitaria y que «haga respetar» la autonomía porteña. La nota fue firmada por el peronismo, el radicalismo, la izquierda, Confianza Pública y el socialismo. El resultado fue una marcha sin incidentes.
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