El ruidazo construye en las esquinas
Otro viernes y otro ruidazo en la ciudad de Buenos Aires. La convocatoria es amplia, en algunos casos obvia, dado que los grupos de la Cámpora activan la medida. Como suele suceder, después de cinco viernes se va armando una suerte de comunidad que se congrega por diversas razones en algunas esquinas porteñas emblemáticas y se expresa en múltiples formas de hacer ruido.
La vecina es de las primeras. Llega en su silla de ruedas acompañada por su esposo y estaciona antes de las ocho en lo que fue la entrada de la ex farmacia Los Ángeles. Poco después la esquina de Jonte y Nazca comienza a poblarse con otras vecinas y vecinos que ya se saludan con cierta familiaridad. Anoche, los más organizados llegaron tarde. Recién 20:15 aparecieron los primeros carteles con consignas dirigidas al aumento de las tarifas y al presidente Mauricio Macri. A esa altura el ruido en la esquina había tomado forma y color. Latas, tapas, cacerolas, pitos, bocinas de bicicletas y para los que no portaban elementos quedaban las palmas. El tránsito en las avenidas también despierta y suma luces y bocinas. Sacan ventaja los camioneros. Cada vez que uno aporta con un bocinazo, el resto del ruido desaparece.
Sin embargo no hay alegría. Una mamá joven pasa con su hijo de unos 9 años: “Están acá porque ya no se puede pagar la luz ni el gas ni nada”, explica a su chico en voz audible por sobre el ruido reinante. Agobio es quizá una buena expresión para definir algunas de las razones para participar de esta forma de protesta. Y lo expresan en el intercambio que se va produciendo viernes a viernes. En ese colage de razones que se expusieron la semana pasada, donde el tarifazo último está a la cabeza, pero no es la única razón. Nadie se pregunta si el cartel hecho a mano donde se consigna que las tarifas de luz subieron más de 4,000% en estos tres años es correcto o no. Lo que el vecino y la vecina saben es que no se pueden pagar, no sin recortar en otras rubros que sumados, a veces, forman parte de las pequeñas felicidades cotidianas. Así que, si el dato es correcto o no, carece de importancia.
El ruido, el golpe de las tapas, la consigna a viva voz van funcionando como la válvula de escape a la presión que esa sensación de agobio representa. A las 21:00, minuto mas o menos, se juntan las pancartas y el ruido cesa en la esquina. Quedan algunos bocinazos aislados que prolongan la protesta. Mientras, vecinos y vecinas marchan hasta Juan B. Justo cerrando el carril de Nazca que va al sur.
HyC
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