Homenaje a Gleyzer en la plazoleta que lleva su nombre

La Colectiva Radio realizó el sábado un homenaje a Raymundo Gleyzer en la plazoleta que lleva su nombre en el barrio de La Paternal. Desde las 19 horas proyectaron Fuego Eterno, con la presencia de su directora, la periodista Cynthia Sabat. La actividad se inscribe entre las realizadas de cara al próximo 24. Tras la proyección hubo una interesante charla entre el público y la directora
El sábado 19 de marzo, alrededor de las 19 horas, La Colectiva Radio proyectó en la plazoleta Raymundo Gleyzer, la película Fuego Eterno, un homenaje a la memoria del cineasta reflejada en el relato ddel film, quien se prestó para una extensa y enriquecedora charla posterior a la proyección.
La película se centra en los relatos de Juana y Diego y está compuesta por imágenes filmadas en Nueva York, donde residen madre e hijo desde que lograron escapar de la última dictadura cívico-militar-eclesiástica y en momentos icónicos de Juana en Buenos Aires durante el juicio por la desaparición de Raymundo Gleyzer. La directora comentó que la idea de hacer un documental surgió a raíz de las muchas imágenes que tenía de Juana y Diego tanto en Nueva York como en los momentos que acompañó a la pareja de Raymundo en Buenos Aires. Es decir, que el guión surgió después de las imágenes y el resultado fue un emotivo relato cargado de historia, del presente de exilio prolongado de los protagonistas y de reparación para la figura del cineasta.

Y esto es de lo primero en lo que se enfocó Sabat una vez finalizada la proyección, en la vigencia de la filmografía de Gleyzer, trabajos realizados entre la década de 1960 y la primera mitad de los setentas. Una vigencia que, entre otras cosas, se debe a su compromiso y su mirada en los problemas de la clase trabajadora. “Nació y creció en este barrio, en una familia judía progresista que le inculcó el amor por el arte y un compromiso por el servicio. También militó en la Fede, en el comunismo, porque sus padres venían de ahí. Pedro pronto rompió con esa idea, porque no le cerraban las ideas verticalistas del comunismo. Entonces, enseguida empezó a buscar su camino. Empezó a relacionarse con Fernando Birri, gran director argentino y se empezó a relacionar con directores del exterior, todos de Latinoamérica, del cine comprometido y revolucionario”, explicó Sabat.
Luego abordó su filmografía, comenzando por su ópera prima de 1964, La Tierra Quema, un corto de sólo 12 minutos filmado en el nordeste brasileño donde denuncia cómo se vivía en esa región. Comienza su producción con una mirada internacionalista, siendo una suerte de prólogo para la forma en la que encarará la región: como un sólo territorio. Posteriormente, la directora recorrió parte de los títulos de Gleyzer, abordándolos cronológicamente y deteniéndose en cada uno de ellos: Nuestras islas Malvinas – 1966, El otro oficio – 1967, México, la Revolución Congelada – 1971, Ni olvido ni perdón, La Masacre de Trelew – 1972, Los traidores – 1973, Me matan si no trabajo – 1974, este film realizado con el grupo Cine de Base, fundado por Gleyzer. Hubo una referencia muy particular para el único documental para el que recurriría a actores, Los Traidores y “que hoy figura entre las principales películas de cine militante del planeta”
Cynthia Sabat aludió también a la participación de Gleyzer en el PRT, convirtiéndose en el único documentalista cuyo compromiso con una causa lo llevó a filmar los comunicados de la organización revolucionaria. También recordó que Raymudo Gleyzer fue secuestrado y desaparecido el 27 de mayo de 1976 por la dictadura militar en la puerta del Sindicato Cinematográfico Argentino (SICA) y permanece desaparecido hasta hoy. En la actualidad, el 27 de mayo ha sido declarado “Día del documentalista” en Argentina.

En su relato destacó su relación con Diego y Juana y cómo a partir de esa relación pudo contar esa suerte de actualidad del pasado: “Juana sigue soñando con él, sigue pensando que va a entrar por la puerta. Diego me contaba que cuando nació su primer hijo se puso a llorar a mares pensando “Por qué no lo tengo a mi papá para que me de un abrazo ahora”. Entonces, eso me importaba mucho contar en esta película, que lo que mucha gente piensa que es pasado, es presente y que esas personas, además de no haber podido hacer el duelo porque jamás se encontró el cuerpo de Raymundo ni se reconstruyó su último día, viven con una herida abierta. Y eso es lo que quizá la gente no sabe y esta herida es también social”.
Posterior a su exposición se abrió el diálogo con el público presente que mostró diversidad de pensamiento. También se invitó a los asistentes a dejar una reflexión sobre la memoria en un buzón y las respuestas anónimas fueron compartidas en el micrófono a modo de cierre de la actividad.
HyC
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