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Dom 21 de Julio de 2019

Honduras: Manifiesto feminista a 10 años del golpe

A diez años del golpe de estado, y de la resistencia feminista, indígena, negra, garífuna y popular
Queridas hermanas, compañeras, cómplices, amigas, amadas

Mientras ustedes preparan sus bolsos, sus mochilas, para salir rumbo a Vallecito, nosotras miramos desde cada territorio el gesto de esperanza que les nace al saber que enseguida llegarán los abrazos, las risas, las canciones, los tambores garífunas, las ceremonias y el fuego de cada pueblo. Quisiéramos decirles que también acá nos preparamos para estar con ustedes, para palpitar cada encuentro, para pensar juntas cómo seguimos.
Diez años atrás nos conmovieron sus llamados: éste es un golpe de estado, nos decían. Y mucha gente descreía que fuera posible un golpe de estado en el siglo 21. Pero ahí andaban ustedes de maestras, en ese laboratorio de los gringos, pero también en ese gigantesco escenario de las rebeldías que es Honduras.
“Ni golpes de estado, ni golpes a las mujeres”, nos dijeron las feministas en resistencia. “Ni golpes de estado, ni golpes a las mujeres”, decimos con ustedes. Y nos duele cada golpe en el continente. Y nos duelen las ausencias. Con ustedes estamos abrazando la memoria de Berta, de Margarita, de Wendy, de tantas compañeras y hermanas que sentimos vivas entre nosotras, y que seguramente estarán en Vallecito, pero a quienes no dejamos de extrañar y de necesitar cada día.
Estamos escribiendo estas palabras para que sientan el calor con que las acuerpamos, para que sepan que nos quedamos con los bolsos armados para llegar en cualquier momento, y que también las esperamos por acá. Que necesitamos que nos cuenten lo que hablaron, lo que pelearon, lo que comieron, lo que quisieron. A diez años del golpe de estado les decimos, como cada jueves en la Plaza de Mayo, que no olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.
Les decimos que la revolución feminista tiene un corazón en Honduras, en esas semillas de Berta que volaron para todos los continentes.
Les decimos que seguimos soñando en la refundación de nuestros modos de ser feministas, plurinacionales, insurrectas, rebeldes siempre.
Berta nos dice al oído: Nos tienen miedo porque no tenemos miedo.
Y nosotras decimos también, como una promesa, como un compromiso: Somos las nietas de todas las brujas, de todas las machis, de todas las buyei, de todas las hermanas que nunca pudieron quemar, y de las que ardieron en las hogueras del patriarcado capitalista y colonial.
Somos la resistencia. Somos la revolución feminista.
Las abrazamos desde todos los rincones del Abya Yala.

Feministas de Abya Yala-junio 2019

La mujer que se niega a dejar morir las raíces agrícolas de Palestina

Vivien Sansour fundó la Biblioteca de Semillas de la Herencia Palestina con la esperanza de reactivar las plantas amenazadas por la ocupación, el cambio climático y la agroindustria. Por Leila Ettachfini.

Vivien Sansour trabajaba como escritora y fotógrafa en el norte de Cisjordania cuando comenzó a escuchar historias sobre Jadu’I, una suculenta sandía que una vez abundaba en Jenin (Palestina), según lo documentado por agricultores y familiares.

«Todos hablaban sobre cómo dieron a luz a sus hijos en los campos de sandías, cómo en la guerra solían esconderse en los campos de sandías, [cómo] exportaron Jadu’I en camiones cuando las fronteras estaban abiertas antes de 1948, a Turquía,  a Siria, a todas partes”, señaló a Broadly. «Pero cada vez que preguntaba sobre esto, me decían: ‘Oh, estás preguntando algo de la era de los dinosaurio'».

Bajo la ocupación israelí, la agricultura palestina ha sufrido mucho. Un estudio realizado en el año 2015 por las Naciones Unidas documentó los efectos devastadores de la ocupación en la agricultura palestina debido a las «restricciones al acceso a la tierra, el agua y a los mercados; pérdida de tierras por los asentamientos ilegales y el Muro de Apartheid; la demolición de estructuras e infraestructura y el arrancamiento de árboles; las restricciones al acceso a esenciales insumos agrícolas; escasez de crédito para la producción agrícola; inundación de los mercados palestinos con importaciones agrícolas de Israel y asentamientos; y el daño ambiental«.

Durante años, Jadu’I fue considerada entre las víctimas agrícolas de la ocupación, pero esta narrativa de la amada sandía de Jenin no le sentó bien a Sansour. «No podía aceptar que estuviera perdida», explicó. «Me enamoré de la historia de esta sandía». Convencida de que las semillas de la fruta todavía tenían que existir en algún lugar, Sansour fue a buscarlas, principalmente entre los agricultores de Jenin.

En 2014, en medio de su búsqueda, Sansour fundó la Biblioteca de Semillas de la Herencia Palestina, que sirve para «encontrar y preservar variedades antiguas de semillas y prácticas agrícolas tradicionales». Con la biblioteca, el objetivo de Sansour era esencialmente ampliar su búsqueda de la semilla Jadu’I con otras variedades, encontrar agricultores de toda Palestina dispuestos a dar vida a las semillas. «La función principal de la biblioteca no es que las semillas permanezcan en un lugar», comenta. «La función principal de la biblioteca es que las semillas se mantengan vivas en los campos de los agricultores».

Logísticamente, explica Sansour, la biblioteca funciona así:

“Nos acercamos a los agricultores, no esperamos que los agricultores vengan a nosotros. Voy donde los agricultores de que me han hablado o me encuentro cuando estoy en una aldea; Tengo una gran red de agricultores a los que visitamos y les decimos: “¿Te gustaría intentar cultivar esto?”. O bien, nos cuentan cómo solían cultivar algo, pero ha desaparecido, y nosotros les decimos: puede traer eso de vuelta «.

El otro lado de la biblioteca es un espacio físico llamado Arte y semillas, que Sansour está trasladando desde Beit Sahour a su ubicación original en Battir esta semana. Allí, las semillas se conservan en frascos rodeados de arte agrícola y cultural, y las puertas están abiertas al público que desean aprender más sobre la agricultura tradicional palestina y las variedades indígenas.

Dentro de la Biblioteca de Semillas de la Herencia Palestina. Imagen cortesía de Vivien Sansour.

En 2016, seis años después de que se enterara de la escurridiza sandía Jadu’I, Sansour finalmente encontró sus semillas en el cajón de un granjero entre sus destornilladores y martillos. El hombre le señaló a Sansour que había tenido las semillas durante siete años, pero que nadie parecía quererlas. «Fue un momento agridulce, porque, por supuesto, me sentí feliz de haberlos encontrado, pero también me entristeció que ahí es donde hemos llegado para rechazar lo que somos», recuerda Sansour.

En Palestina, la agricultura ha servido como más que un medio para ganarse la vida o conseguir una cena en la mesa; ha llegado a representar una historia nacional y una identidad con orgullo en su suelo y su capacidad de autosuficiencia. El olivo, por ejemplo, ha sido considerado como un símbolo de la resistencia de los palestinos. Sin embargo, en las décadas desde 1967, debido a las restricciones de permisos, los ataques de los colonos, las limitaciones del suministro de agua y más consecuencias agrícolas de la ocupación de Israel, Palestina depende cada vez más de las importaciones agrícolas israelíes. Como resultado, muchos jóvenes palestinos de hoy han reemplazado la agricultura y los alimentos tradicionales con los supermercados israelíes y cadenas como KFC.

Además de las preocupaciones ambientales, la idea de que la sociedad palestina estaba perdiendo sus tradiciones agrícolas fue en parte lo que llevó a Sansour a iniciar la biblioteca. De niña en Beit Jala, Sansour recuerda una de esas tradiciones. «Teníamos una higuera muy grande, así que, durante todo el verano, mi madre las puso en tazones y me envió donde los vecinos para que les dieran higos», recuerda. “Los vecinos, a cambio, llenaron la olla con otra cosa que tienen, tal vez tenían un tipo especial de uva o granada, y nos las enviaban. Fue este intercambio que llenó de abundancia nuestra tierra palestina».

Hace ocho años, Sansour estaba de vuelta en la casa de su familia cuando notó que habían cultivado uvas adicionales. Llenó un cubo y lo dejó delante de la puerta de su vecina. Pasaron las semanas y Sansour nunca recibió el cuenco ni escuchó nada de su vecina, por lo que decidió preguntarle si las había disfrutado.

«Ella dijo: ‘Oh, no sabía qué era eso, así que lo tiré’, recuerda Sansour. “Me dijo que no solo la tradición había desaparecido por completo, sino que nos hemos desconectado tanto con la idea de que compartimos nuestras frutas y verduras. Estaba tan alejada de esta hermosa tradición que pensó que había algún tipo de error. Supongo que en ese momento, uno de muchos momentos, me recordaron que no quiero olvidar de dónde vengo. No quiero olvidar ser fiel y confiar; que la naturaleza proveerá; que la gente seguirá siendo generosa».

A continuación en la lista de renacimiento de semillas de Sansour está el pepino blanco, una variedad que una vez se cultivaba comúnmente en el sur de Palestina. «Sólo como dos, tres familias todavía lo cosechan», explicó. “El año pasado, pudimos involucrar a 20 agricultores en el cultivo de nuevo. Lo que estamos haciendo es traerlo de vuelta a nuestros campos y traerlo de vuelta a nuestro mercado. Así es como realmente funciona la biblioteca: las granjas son la biblioteca».

Este artículo fue publicado, el 8 de marzo pasado, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer

Fuente Original: The Woman Refusing to Let Palestine’s Farming Roots Die

Fuente: Leila Ettachfini, Broadly.vice.com / Traducción: Palestinalibre.org

El mayo caliente del 69

 

Los antecedentes del «Mayo del 69” parten de sucesivos golpes de Estado, de represiones como la «Noche de los Bastones Largos” y de la connivencia entre un sector del sindicalismo y los militares. Pero en los últimos años de la década del ’60 comienza otra etapa para los obreros y estudiantes en lucha: no sólo se conforma la CGT de los Argentinos sino que la calle se convierte en un espacio de protesta y de levantamiento popular. Así lo demuestra la historia al rememorar el Correntinazo, el Rosariazo y el Cordobazo. Por Leónidas Ceruti.

Cielito cielo que sí
cielo del sesenta y nueve
con el arriba nervioso
y el abajo que se mueve

Párrafo de «Cielo del 69” de Mario Benedetti

1.- Un mundo convulsionado

Los conflictos a nivel mundial crecieron en los años 60 y 70, afectando a los países capitalistas desarrollados y dependientes, con manifestaciones veladas en los socialistas, como la Unión Soviética, o más claras en Checoslovaquia y Polonia.

En esos años se vivieron la Revolución Cubana, el Mayo francés, el asesinato del Che Guevara, el otoño caliente del 69 en Italia, la Guerra de Vietnam, las luchas por los derechos civiles en EEUU, y el surgimiento de la nueva izquierda en varios países. Nació una contracultura en las artes, las letras, la música, la vida cotidiana, la sexualidad, la vestimenta, las costumbres.

2.- Golpes, proscripciones y democracia restringida

La etapa entre 1955 y 1966, se abrió y cerró con un golpe militar, donde se dieron restauraciones «democráticas” con proscripciones, momentos de violencia y otros de consenso pasivo. Fue un periodo de crisis del sistema, de la democracia parlamentaria, de la representación política y un estado deliberativo en las Fuerzas Armadas. Se evidenció una mayor presencia de las inversiones extranjeras, progresivo control de la economía por los monopolios internacionales, polarización de las fuerzas sociales y se intensificó la conflictividad social.

Así se sucedieron el golpe militar del 55, la Revolución Fusiladora, proscripción y persecución del peronismo, resistencia del pueblo, pacto Perón-Frondizi, gobierno desarrollista, Plan Conintes de represión al movimiento obrero, nuevo golpe militar, democracia restringida, gobierno de Illia, y otro golpe cívico-militar en 1966.

 

 

3.- Un nuevo golpe de militares y civiles

Desde 1963, las relaciones entre el Ejército, el sindicalismo, los medios de prensa y el gobierno radical fueron cada vez más distantes. Entre los militares se hicieron fuertes las opiniones de conformar un gobierno que excluyendo a los partidos políticos, integrara a las FF. AA con poderosos empresarios y jerarcas sindicalistas. A su vez una campaña periodística minó el prestigio del gobierno, acusándolo de lento e ineficiente.

La prédica dió sus frutos el 28 de junio de 1966, cuando un movimiento encabezado por el Gral. Juan C. Onganía destituyó al presidente Arturo Illía. El proyecto llamado pomposamente «Revolución Argentina”, se sustentó en el desprestigio del sistema parlamentario ante los ojos de la clase obrera y de los sectores medios, que hicieron suyas las consignas lanzadas desde el gobierno «Abajo el Parlamento”, «Abajo los partidos políticos que nada solucionan”, «Adelante con la Revolución Argentina”.

A medida que el gobierno dictatorial fue avanzando en su gestión esa «revolución prometida” mostró su verdadero rostro al irse profundizando la crisis, la creciente acción represiva ante las luchas en ascenso, y se fue deteriorando más y más ese ensayo que al decir de sus impulsores «no tenía tiempos ni plazos, sino objetivos”, y esquematizaron sus metas en los llamados «tiempo económico”, «tiempo social” y «tiempo político”. En lo económico, el plan de Krieger Vasena, se proponía una transición hacia el desarrollo de la industria pesada y la infraestructura necesaria. El proyecto recibió el apoyo del FMI (stand by por 125 millones de dólares en marzo de 1967) y del gobierno de Estados Unidos. La crisis comenzó cuando no se pudieron mantener la estabilidad de los precios internos de los productos agropecuarios, que fueron en progresivo aumento. Los signos fueron inflación creciente, recesión y las economías regionales en crisis y estado terminal.

 

3.1.-La cueva bolchevique

La Universidad, que había sobresalido por la excelencia académica y las investigaciones, fue acusada por la politización de los claustros de profesores y estudiantes, el excesivo presupuesto, y fue bautizada como «la cueva bolchevique”.

El viernes 29 de julio de 1966, a través del decreto ley 16912, se anulaba el gobierno tripartito y subordinaba a las autoridades de las Universidades al Ministerio de Educación. Luego vendría la «Noche de los bastones largos” con la represión para docentes y estudiantes en la Universidad de Buenos Aires. Renunciaron 1400 docentes. El interventor, Luis Botet, declaro «Hay algo que es superior a la enseñanza, a la ciencia, a la investigación, a la renuncia de 1000 profesores, ese algo es el principio de autoridad”.

En los claustros universitarios, la lucha se inició desde el mismo día de la asonada militar, y estuvo centrada en las luchas contra la intervención, el limitacionismo, la autonomía universitaria y por el gobierno tripartito. El Secretario de Prensa del gobierno nacional declaró: «Se habla de un avasallamiento de la universidad, cuando lo que se quiere es salvarla del comunismo, el gobierno dispone de instrumentos legales y de fuerza para proceder y comienza a hacerlo con toda decisión, de lo que no dispone más es de paciencia. La resolución del gobierno de obrar con la energía que requiere el deber de contener el desorden que se ha provocado, lamenta las víctimas en la policía y las víctimas de los provocadores y lamenta las víctimas que vendrán, porque a partir de ahora no se admitirá ese desorden”.

3.2.- Buenos muchachos: Vandor, Coria, Alonso

No llamó la atención en el acto de asunción de Onganía, la asistencia de empresarios y sindicalistas, se confirmaba así el acuerdo entre las FF. AA, el poder económico y la delegación de dirigentes sindicales que estuvo integrada por Vandor, Izzeta, Taccone, Niembro y Coria, por las «62 Vandoristas”; Alonso y Cristófoli lo hicieron por las «62 de pie junto a Perón”, mientras por los llamados sindicatos independientes lo hizo Armando March.

Cuando a escasos días de su asunción, el gobierno decidió la disolución de los partidos políticos, clausurando sus locales e incautando sus bienes e intervino las Universidades, muchos se preguntaron ¿Por qué no la CGT?. Se estaba cumpliendo un compromiso, y en virtud de ello, la central obrera se negó a tomar partido en el problema universitario y apoyó sin reservas la disolución de las agrupaciones políticas.

La posterior firma del convenio de los metalúrgicos en la Casa de Gobierno fue otro símbolo de la buena relación de Vandor y algunos sindicalistas con los militares.

A pesar de ello, entre las primeras medidas tomadas por la dictadura estuvo la sanción de la ley 16.936 de «Arbitraje Obligatorio”, medida duramente criticada por los sindicalistas, ya que la misma limitaba el derecho de huelga. En febrero de 1967, la CGT intentó presionar al gobierno anunciando un plan de lucha. Los militares contraatacaron con rapidez: se denunció la existencia de un plan terrorista, se interrumpió el diálogo con la central obrera y se suspendió la personería gremial de la FOTIA, Unión Ferroviaria, UOM, FOETRA y otros sindicatos.

Los anunciados reordenamientos portuarios y ferroviarios provocaron huelgas. Se agregaron paros en General Motors, empleados de farmacia, lecheros, papeleros, textiles, metalúrgicos, transporte, portuarios, maestros, construcción. En Tucumán, los enfrentamientos de los obreros de los Ingenios azucareros, con las patronales y la política impulsada desde el gobierno llevaron a la ocupación de varias empresas, manifestaciones, y hasta choques armados, lo que originó una fuerte represión, con el asesinato de la militante Hilda Guerrero de Molinas.

La agresión hacia las conquistas históricas de la clase obrera continuó en los años venideros. Agustín Tosco las sintetizó: «retiro de personería a sindicatos, desconocimiento de las representaciones laborales en organismos del estado, imposición del arbitraje obligatorio, anulación del salario mínimo, vital y móvil, legislación contra el derecho de huelga, anulación de la ley 1884 de indemnización reduciendo sus montos a la mitad, cesantías, suspensiones, rebajas de categorías, pérdidas de salario, suspensión de la estabilidad en varias convenciones colectivas de trabajo: aumento de la edad para jubilarse y régimen de alquileres de libre contratación”.

4.-La hora de la lucha antidictatorial: Nace la CGT de los Argentinos

El Congreso Normalizador de la CGT, citado para el 28 de marzo de 1968, fue el momento para que las distintas corrientes del sindicalismo chocaran entre sí.

Buena parte de los delegados concurrieron con un espíritu de hostilidad hacia los sindicalistas «colaboracionistas” y «participacionistas”. La CGT quedó quebrada en dos. Se retiraron tanto vandoristas como colaboracionistas, constituyendo la «CGT Azopardo”, que pasó a ser la «CGT oficialista”, mientras que el resto de los gremios conformaron la CGT de los Argentinos(CGTA) o de Paseo Colón.

Como Secretario General de la CGTA se designó a Raimundo Ongaro, y el conglomerado de fuerzas políticas, sindicales y estudiantiles que la integraron lo hicieron tras un programa antiimperialista, antimonopolista, antioligárquico y contra la dictadura militar.

Sus principios se explicitaron en el «Mensaje a los trabajadores y el pueblo – Programa del 1º de Mayo de 1968”, que pasó ha ser un documento histórico de los trabajadores argentinos, redactado por Rodolfo Walsh, mientras que Ongaro le dió los últimos retoques.

El programa se presentó en el acto por el día de los trabajadores, encabezado por Raimundo Ongaro y Agustín Tosco, en el Córdoba Sport Club. Sus principales consignas fueron «Más vale honra sin sindicatos que sindicatos sin honra” y «Unirse desde abajo y organizarse combatiendo”.

La CGTA publicó un semanario, dirigido por Rodolfo Walsh, y denominado «CGT”, editando 55 números, llegando a imprimirse un millón de ejemplares. Fue además un espacio de militancia artística como la muestra «Tucumán Arde”, las expresiones de Ricardo Carpani, o las del Grupo Cine Liberación.

5.- La rebeldía bajó del Norte Santafesino y Corrientes

A comienzos de 1969, con las economías regionales en crisis en distintas zonas del país, como la zona norte de la provincia de Santa Fe, con fábricas e ingenios cerrados, las organizaciones obreras y campesinas decidieron demandar a las autoridades. El 11 de abril se congregaron en número de 10.000 en Villa Ocampo, y desde esa ciudad partió la «Marcha del Hambre” hasta la capital provincial. Integraban la caravana de trabajadores desocupados o con sus fuentes de ocupación amenazadas, pequeños campesinos y comerciantes. Habían adherido a ese periplo de protesta las poblaciones de Villa Ana, La Gallareta, Tacuarendi, Las Toscas y Villa Guillermina.

Desde Santa Fe el jefe policial, coronel Duretta, dió instrucciones precisas: «Ubíquenlo a Ongaro de cualquier forma”, y reunió a 3000 policías, gendarmes y soldados. La pueblada enfrentó la represión, ocupó el edificio comunal y obligó a renunciar al intendente«porque no sirve para defender al pueblo”. Al levantamiento premonitoriamente se lo conoció como «la golondrina anunciadora” de lo que posteriormente sucedería en el país con los distintos «azos”.

Para mayo, ambas CGT acordaron un «Plan de Lucha”, que finalizaría con un paro nacional el día 30, medida que no apoyaron los colaboracionistas de Rogelio Coria. A nivel nacional, se prohibieron los actos del primero de mayo, por disposición del Jefe de la Policía Federal, Gral. Fonseca.

En la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) fue designado como rector el abogado Carlos Walker, que como primera medida ordenó la disolución de todos los centros de estudiantes. La respuesta vino de la Federación Universitaria del Nordeste (FUNE). Ante la situación presentada, los estudiantes se declararon en huelga y no permitieron el comienzo del ciclo lectivo del año 1969. Las manifestaciones estudiantiles comenzaban a tener mayor envergadura tanto en Corrientes como en Resistencia, llegando a su punto máximo en mayo, donde se sumó a la protesta la CGT de los Argentinos.

Así, se llegó al 15 de mayo, cuando se realizó una marcha estudiantil multitudinaria en la ciudad de Corrientes, que fue acompañada por estudiantes secundarios, docentes, gremialistas, miembros del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y la sociedad en su conjunto, con el objetivo de protestar por los aumentos de un 400% en los precios del comedor universitario. La policía reprimió salvajemente con gases, palos, sables y disparos de armas de fuego. La columna compuesta por más de mil quinientos jóvenes se dispersó, muchos fueron heridos, otros tantos encarcelados, y fue asesinado el estudiante de cuarto año de medicina, Juan José Cabral, oriundo de Paso de Los Libres.

6.- Rosario en la lucha: el «I Rosariazo”

Luego de los acontecimientos de Corrientes, en las facultades rosarinas el clima era de tensión. Se sucedían las asambleas, y la agitación hizo que el 16 de mayo el rector Cantini resolviera suspender por tres días las clases, y sólo quedaba como lugar de reunión el comedor universitario. Allí esa noche se realizó una masiva asamblea y posteriormente una marcha por las calles céntricas. Al día siguiente, 400 estudiantes se reunieron frente al comedor universitario en Avenida Corrientes 797, entonando la consigna «Acción, acción, acción por la liberación”, lanzaron volantes e hicieron estallar algunos petardos, y se manifestaron frente al Banco Alemán Trasatlántico. Inmediatamente comenzó la represión. Un grupo de estudiantes, perseguidos por la policía, corrió por calle Corrientes hacia el sur y doblando por Córdoba, pero desde Entre Ríos aparecieron más policías disparando sus armas.

Los estudiantes y decenas de sorprendidos transeúntes quedaron encerrados. Algunos manifestantes junto a una docena de paseantes -incluidos varios niños- ingresaron a la Galería Melipal. Pero el lugar, con una sola boca de entrada y salida, hizo que otra vez estuvieran atrapados a merced de la policía. Los agentes ingresaron al edificio y reanudaron la golpiza. La gente trató de evitar como podía la lluvia de golpes: se escucharon súplicas, llantos y alaridos. En medio de la confusión sonó un disparo que provenía del arma del oficial inspector Juan Agustín Lezcano

Cuando la policía se replegó quedo en el suelo, junto a la escalera que llevaba a los pisos superiores, el cuerpo de Adolfo Bello, con la cara ensangrentada. Horas más tarde fallecía, quien era estudiante de segundo año de Ciencias Económicas.

El Ministro del Interior, Borda, expresó el mensaje de siempre tras una manifestación y la posterior represión: «Resulta así muy claro que el clima de violencia ha sido provocado por elementos de extrema izquierda y por algunos políticos, que en estos días se han mostrado particularmente activos. No ha faltado tampoco algún dirigente gremial que, interesado más en satisfacer sus ambiciones personales que en el auténtico bien de los trabajadores, intenta aprovechar las circunstancias para inducirlos a servir a sus menguados propósitos”.

Los días 18, 19 y 20 se sucedieron «actos relámpagos”, concentraciones, denuncias de testigos. Comenzó a funcionar la «olla popular” organizada por la CGT de los Argentinos y los estudiantes con el fin de suplir el cierre del comedor universitario. La unidad obrero-estudiantil continuaba creciendo. El lugar donde fuera baleado Bello estaba permanentemente orlado con flores.

Para el miércoles 21, se hizo un llamado «a todo el estudiantado y al pueblo de Rosario a una «Marcha de Silencio”, en homenaje a los «compañeros caídos”, organizada por el Comité de Lucha de Estudiantes de Rosario y la CGTA. La concentración partiría desde la Plaza 25 de Mayo y la manifestación culminaría frente al local de la CGTA, Córdoba 2060, donde hablarían Raimundo Ongaro y algunos estudiantes. Se reclamaba la solidaridad de todo el pueblo, y el cierre de negocios.

Horas antes de la anunciada protesta, la zona céntrica parecía una fortaleza policial. Carros de asalto, patrulleros, autobombas, carros hidrantes, guardias de infantería o a caballo patrullaban permanentemente y se exhortaba a la desconcentración mediante megáfonos. A pesar del aparato intimidatorio los estudiantes comenzaron a congregarse, algunos portando carteles como el de los secundarios con esta leyenda «Comité de Lucha Estudiantes Secundarios Bello-Cabral: Contra la Estructura de la Enseñanza”, y empezaron las sentadas en silencio.

Minutos después comenzó la represión. Todo se desencadenó cuando la Infantería de Policía lanzó gases lacrimógenos para desconcentrar a los estudiantes, éstos respondían con piedras, se dispersaban y volvían a reagruparse y en improvisadas columnas trataban de marchar. La policía repartía bastonazos y continuaba arrojando gases. Los jóvenes armaban barricadas con maderas de las obras en construcción, desde los edificios les arrojaban papeles y comenzaron a encender fogatas que aumentaban minuto a minuto.

A lo largo de varias horas los estudiantes y las fuerzas represivas se enfrentaron por las calles céntricas. Fue una verdadera batalla campal, los manifestantes en número entre 3000 y 4000 mil coparon el centro con la colaboración efectiva de los vecinos. La zona presentaba el aspecto de un campo de guerra con grandes fogatas y barricadas en muchísimas esquinas. La policía se había replegado hacia la jefatura. La Batalla de Rosario y el Primer Rosariazo -al decir de Beba Balve- estaba en pleno desarrollo.

Una columna de manifestantes decidió avanzar desde Córdoba y Corrientes hacia el oeste. En la intersección de calle Italia se produjeron nuevos incidentes. Un grupo de estudiantes arrancaron la placa del rectorado, que no había condenado el asesinato de Bello. Después llegaron hasta el frente de la radio LT8. Un pequeño grupo rompió a pedradas vidrios y ventanas e ingresó a la emisora para interferir la transmisión (en esos momentos se trasmitía el partido Estudiantes de la Plata y Nacional de Montevideo, por la Copa Libertadores). El objetivo no se cumplió porque el operador de planta empalmó la transmisión con la cabecera de Radio Belgrano.

Cuando llegan los escuadrones de Caballería, un grupo intentaba tomar el rectorado, otro salía de LT8 y un tercer grupo se estaba dispersando hacia calle Dorrego abandonando la idea de ocupar la Jefatura de Policía, un objetivo que se llegó a plantear cuando la policía huía. A pocos metros de LT8, cayó abatido por un balazo en la espalda el adolescente Luís Norberto Blanco, un empleado metalúrgico y estudiante que intentaba huir corriendo de la represión policial. Los primeros auxilios se los prestó el médico Aníbal Reinaldo, que también sufre los sablazos de la policía. A los pocos minutos fallecía, y eran heridos otros manifestantes.

El Poder Ejecutivo Nacional, pasada la medianoche decretaba a «Rosario Zona de Emergencia”, bajo control del Ejército. Se ocupaba militarmente la ciudad y los Bandos Militares alertaban sobre las prohibiciones, las detenciones y los Tribunales Castrenses comenzaban a actuar. El número de detenidos ascendió a 89, la gendarmería patrullaba la ciudad, y la bronca antidictatorial aumentaba.

Un Plenario de 38 gremios reunidos en el local del Sindicato del Vidrio, donde participaron representantes de las dos centrales obreras, la de Paseo Colón y Azopardo, ratificaba la realización del paro para el viernes 23, y se conocía una declaración de 31 sacerdotes adhiriendo «a la actitud de los estudiantes y criticando crudamente la acción policial y los poderes concedidos al II Cuerpo de Ejército”.

La protesta continuó con el paro con un elevado ausentismo en Rosario y la zona de San Lorenzo, y fue realmente impactante la columna de más de 7000 personas que acompañó los restos de Luís Blanco, durante un trayecto de 87 cuadras que demandó cuatro horas desde su casa hasta el cementerio. Frente al féretro, el párroco Federico Parenti expresó «que esta sangre vertida, que esta sangre que llega al cielo, no sea en vano, que ella lleve la liberación que ansiamos, el instante de justicia que esta reclamando el mundo, Dios dió su sangre por la liberación del hombre, para que el hombre se despoje de su esclavitud”.

En los Talleres Ferroviarios de Pérez, 2000 obreros paralizaban sus tareas por la suspensión de los delegados Enrique Gigena y Roberto H. Forcatto, por haber sido los encargados de comunicar a sus compañeros lo resuelto por la «Comisión Coordinadora de la Unión Ferroviaria” de adherir al paro en repudio al asesinato de los estudiantes. A los pocos días, un plenario de 40 gremios, confirmaba el paro del 30. El nuevo jefe de policía ordenó no interferir en las manifestaciones. Y llegaría el jueves 29 cuando 2000 personas asistieron a la colocación de dos placas en homenaje a los jóvenes asesinados, frente a la galería Melipal y al Comedor Universitario. En el día del Ejército, se escucharon duros discursos del Gral. Fonseca y del Capellán del II Cuerpo, mientras comenzaban a llegar las primeras noticias del Cordobazo. El mes de mayo del 69 finalizaría en Rosario con un paro nacional dispuesto por la CGT para el 30.

7.- El Cordobazo

Córdoba en la década del 50 pasó a ser una potencia industrial, y creció el proletariado concentrado en las grandes fábricas, que fue cambiando los barrios cordobeses. Los antecedentes inmediatos y directos del Cordobazo podrían estar localizados en principio en la resistencia estudiantil a la intervención de Universidad Nacional de Córdoba, lo que desembocó en la ocupación del tradicional barrio de Clínicas, bastión de la insurgencia popular. Los universitarios cortaron las calles, encendieron fogatas y la represión de la dictadura dejó como saldo el asesinato del estudiante-obrero, Santiago Pampillón, el 7 de septiembre de 1966.

Por su parte, la CGT Regional Córdoba se diferenciaba del gremialismo participacionista, colaboracionista o burocrático que vio la llegada de Ongania con expectativas. Era una regional, donde convivían en la acción, la CGT de los Argentinos, dirigentes peronistas como Atilio López, otros clasistas, comunistas, independientes y figuras de innegables reconocimiento y representatividad como Agustín Tosco y René Salamanca.

La dictadura anuló la Ley del Sábado Inglés, que se había sancionado en 1932. También intentaba ejecutar las quitas zonales. Los trabajadores no sólo rechazaron esas medidas, sino que reclamaban aumentos salariales.

A mediados de mayo, SMATA, el sindicato que agrupaba a los trabajadores de la automotriz Káiser, realizó una asamblea en el Córdoba Sport. La policía prohibió la concentración, pero la cantidad de gente que llegó, desbordó la valla policial, y 3000 obreros sorpresivamente llegaron al local. La asamblea sesionó, y a ella se sumaron los trabajadores del tercer turno de la empresa. La policía comenzó a reprimir. Se armaron barricadas. Las fuerzas de represión de la provincia quedaron acorraladas, entre los que estaban en la asamblea y los trabajadores que intentaban ingresar. El enfrentamiento entre las fuerzas policiales y los trabajadores recordaron las mejores noches de box del tradicional club. Luego la UOM cordobesa decretó un paro por 48 horas.

Posteriormente, en un plenario de la CGT regional Córdoba, se resolvió un paro por 36 horas, triunfando la postura defendida por Luz y Fuerza y respaldada por los sindicatos combativos, a los que se sumaron la UTA y SMATA.

Tosco, Elpidio Torres y Atilio López habían acordado la protesta. Las diferencias eran manifiestas, pero las bases empujaban, y el gobierno cerraba los caminos. Los días fijados fueron el 29 y 30 de mayo. La modalidad sería que los trabajadores se retirarían de los lugares de trabajo desde las 10hs y marcharían al centro de la ciudad. Paro con movilización.

Esa jornada del 29 quedaría para siempre en la historia de las luchas obreras y del pueblo como el Cordobazo.

Desde las grandes plantas industriales, las columnas obreras, compactas, llenas de bronca, arrastraron a los obreros de las pequeñas fábricas.

La movilización había acordado el punto de encuentro: en Colón y General Paz, pero al iniciarse la represión fue empujada al norte de la avenida Colón, los movilizados se replegaron, pero respondieron, la resistencia creció, la policía empezó a perder el control de las calles angostas, sólo dominaba las avenidas.

Las barricadas se levantaron por toda la ciudad, el pueblo fue tomando uno a uno cada barrio, por las calles y las grandes avenidas se enfrentaron el pueblo y las fuerzas policiales, que comenzaron a utilizar armas de fuego contra los manifestantes, matando en horas del mediodía al obrero Máximo Mena.

La ciudad estaba en manos de los movilizados. Las fuerzas represivas sólo controlaban una pequeña zona próxima a la jefatura. En los barrios no había vestigios de «las fuerzas del orden”.

El ejército fue convocado, ya que había sido desbordada la fuerza policial, pero sólo pudo ocupar el casco céntrico. El toque de queda no se respetó. Había ya cientos de detenidos. A las 20 horas, miembros del sindicato de Luz y Fuerza, cortaron la energía eléctrica y la ciudad sólo quedó iluminada en muy pocas zonas.

Por la noche, cuando el Ejército intentaba tomar los barrios más combativos, fueron recibidos con disparos desde las terrazas de casas y edificios.

El 30 de mayo la gente volvió a la calle, mientras el ejército intenta recuperar el control. El gobierno respondió con el allanamiento del local de la CGTA, y fueron detenidos Tosco, Canelles, Ditofino, Elpidio Torres, y sometidos a los Consejos de Guerra. Oficialmente se dijo que hubo 34 muertos, 400 heridos y 2000 presos.

A decir de Agustín Tosco, el alzamiento popular «surgió de la clase obrera y del pueblo. Lo esencial es que surge de los trabajadores y de los estudiantes y que ellos, por su convicción, salen a la calle a luchar. La gente estaba equipada, en general, con elementos rudimentarios, por ejemplo los compañeros mecánicos tenían gomas con tuercas, otros tenían bombas de estruendo, y alguno, alguna que otra arma de fuego. La gente se concentró cuando atacó la policía, la gente repelió a la policía con estos y otros elementos, como piedras que encontraba en la calle, luego les prendió fuego, y fue avanzando en la ciudad con nuevas barricadas hasta que una amplia zona de Córdoba, de unos 9 kilómetros cuadrados aproximadamente, estuvo repleta de barricadas. Esto duró hasta la noche, toda la noche y al día siguiente también. El Cordobazo comenzó el 29 pero recién terminó el 2 o el 3 de junio. El Ejército abría fuego. Incluso, tomaron algunos edificios donde había estudiantes. Hubo muchos francotiradores.

«El Cordobazo fue la toma de conciencia de un pueblo, en relación a que se encuentra oprimido y a que quiere liberarse para construir una vida mejor, porque sabe que puede vivirla y se lo impiden quienes especulan y se benefician con su postergación y su frustración de todos los días. Se dijo que el Cordobazo fue un hecho espontáneo, tal justificación tendía a descalificar la movilización. No hay espontaneísmo. Ni improvisación. Ni grupos extraños a las resoluciones adoptadas. Los Sindicatos organizaron y los estudiantes también. Se fijaron los lugares de concentración, y cómo se realizarían las marchas”.

8.- ¿Qué significó el Mayo Caliente y los «azos” del 69?

La Marcha del Hambre de Villa Ocampo (Sta Fe) en abril, el Mayo Caliente del 69, que incluyólas protestas de los estudiantes correntinos, el «I Rosariazo”, el Cordobazo, que se prolongarían en septiembre con el «II Rosariazo”, el alzamiento en Cipolletti, y el Choconazo, terminaron de derrotar el proyecto «sin límites” de Onganía.

Desde Mayo del 69 todo se aceleró y constituyó un punto de viraje en la evolución del país. Se vivió un proceso de cambios entre los trabajadores, estudiantes universitarios, partidos políticos, y en las principales tendencias que se expresaban dentro de la dictadura.

Los Azos del 69 expresaron la explosión de la bronca, acumulada en varios años de deterioro económico-social, opresión política, gremial y universitaria, sumado a la proscripción del peronismo, pérdida de conquistas históricas de los asalariados y deseos de cambios.

Esos alzamientos populares tuvieron como protagonistas fundamentalmente a la clase obrera, apoyada por el movimiento universitario. Por un lado se puso de manifiesto el estado que había alcanzado la radicalización de la conciencia política de importantes sectores de la sociedad y el profundo rechazo a la dictadura.

Esos movimientos de masas actuaron como factores de presión para cambios dentro del propio gobierno nacional y dejaron dos consecuencias: comenzó a enterrarse el proyecto que no tenía plazos, y se inició un nuevo proceso político en toda la sociedad.

Las grandes movilizaciones demostraron la capacidad de lucha, creatividad, y solidaridad del pueblo. Las asambleas obreras y populares, algunas espontáneas, que se realizaron en Rosario y Córdoba, en las jornadas de mayo y septiembre, reuniendo en su seno a los obreros, estudiantes universitarios y a gran parte de la población pobre de los barrios tomados, rodeados de barricadas, y en algunos lugares con la población ejerciendo el poder de policía, por ejemplo, el de permitir la salida de los bomberos tomados para sofocar incendios, controlar la entrada y salida de los barrios, también constituyeron una forma embrionaria de los órganos de poder, con democracia directa abarcando ya a toda una ciudad. Pero su incipiencia y en gran medida la ausencia de una verdadera organización, no permitió la unificación de las asambleas barriales entre si, a través de delegados electos, en un consejo único de la ciudad.

El impacto de los alzamientos populares abrió un profundo debate entre la militancia, y una gran cantidad de obreros y estudiantes se incorporaron a la lucha antidictatorial. Las diferencias aumentaron, se puso en cuestión a los partidos populares, planteos, métodos, ideas, y las formas de resolución de los conflictos sociales o políticos. Se fracturaron y estallaron los partidos tradicionales de la izquierda, además la polémica se extendió entre el activismo peronista, donde surgieron nuevos grupos y organizaciones. En los pasillos y las aulas de las Universidades tanto estudiantes como docentes polemizaban desde el tipo de Universidad que necesitaba el país hasta las transformaciones necesarias. En las fábricas y los gremios, los intercambios de opiniones se dieron sobre distintas problemáticas de los trabajadores y la sociedad. Se adoptó una forma más encubierta, más en grupos, luego llegarían las asambleas masivas con los conflictos sindicales.

La clase obrera desde 1969 vivió uno de los períodos más ricos en experiencias de su historia, con luchas en la legalidad y la clandestinidad, con derrotas y triunfos. Enriqueció las vivencias de varias décadas anteriores, como los cuerpos de delegados, comisiones internas, el accionar de los sindicatos, el ejercicio de la democracia directa, tomas de fábricas, organización de huelgas, paros activos, movilizaciones.

Fue un período de grandes cambios, en la que surgieron partidos políticos con un claro planteo antisistema, gremios clasistas, combativos, grupos político-militares. Mientras que la movilización popular y la lucha de clase fue en ascenso. Un tiempo plagado de sueños, encantamientos y de esperanzas por quienes los protagonizaron. Y como escribió Adolfo Gilly, años que marcaron una «esquina peligrosa, una de aquellas en donde la historia pudo haber dado un viraje”.

9.- La lucha sigue

Y como en distintos momentos de la historia de la clase obrera y de las luchas populares, se ha venido produciendo un puente histórico entre aquellas generaciones y estas nuevas, con tiempos, conocimientos y hábitos distintos, pero la síntesis de ese proceso debe llevar a nuevos intentos de luchar frente a las injusticias que se viven a diario.

Son muchos/as los/as que no se resignan, no aceptan «los premios” del sistema y continúan la lucha contra la precarización laboral, por un básico de convenio igual a la canasta familiar, por trabajo digno para todos y todas, libertad y democracia sindical, por el 82% móvil para los jubilados, no al pago de la ilegítima y usurera deuda externa, solidaridad con los trabajadores en conflicto, por el reconocimiento de los legítimos derechos de los pueblos originarios, por la elección de delegados en cada lugar de trabajo.

Debemos estar codo a codo con los jóvenes desempleados, mal remunerados, esclavos disfrazados, subcontratados, falsos trabajadores independientes, trabajadores intermitentes, pasantes. Rechazar el uso intensivo de la conciliación obligatoria para encorsetar las negociaciones salariales.

Por todo esto, es que cabe recordar aquella estrofa de «Cielo del 69”, de Mario Benedetti:

mejor se ponen sombrero
que el aire viene de gloria
si no los despeina el viento
los va a despeinar la historia

Por Leónidas F. Ceruti
Historiador

mejor se ponen sombrero

que el aire viene de gloria

si no los despeina el viento

los va a despeinar la historia

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