Mi vecino Ernesto

Pablo Canzobre se crió en Santos Lugares. Hoy tiene su negocio y centro de vida en el bario de Santa Rita, pero en un punto y más allá de las características de cada barrio, la infancia vivida en uno marca para siempre y se traslada a los pequeños detalles, presentes en este caso, en el mostrador de su pet shop. Fue vecino de Ernesto Sábato y activo participante del club Defensores de Santos Lugares desde muy pequeño. En 2020, una nota publicada por Mario Sábato ató recuerdos en Pablo que se plasmaron en esta respuesta que le enviara oportunamente a Mario y que hoy compartimos

¡HOLA ERNESTO… HOLA MARIO!

Perdón el atrevimiento de enviarle estas líneas, mi nombre es Pablo y acabo de leer un texto suyo relatando un poco su infancia en mi querido barrio y la importancia de los clubes sociales.
Mi historia es muy similar a la suya y me sentí inmensamente identificado, solo nos separaban una cuadra y media de distancia.
Noté algo increíble, que a pesar de que nos llevamos algunos años de diferencia, Santos Lugares parece detenido en el tiempo, con esa magia que nos regala a cada uno que pisamos sus veredas.
No quiero alargar demasiado el relato, pero si algo me decidió a escribirle, es mis ganas de contarle un momento hermoso vivido junto a Ernesto, como a mi me gustaba llamarlo, su padre.

Jardín de la casa donde viviera Ernesto Sábato

Llegamos al barrio casi por casualidad cuando yo tenía seis años, por el año 1984, a nuestro nuevo y primer hogar en la calle Manuel Estrada 1415, ese tan anhelado lugarcito que mi padre pudo comprar con el esfuerzo de muchos años de trabajo.
Ese mismo año, empiezo primer grado en la escuela Nro 19, Antártida Argentina esquina Beazley y Neuquén. Uno de mis primeros amigos se llamaba César, tenía un año más que yo y jugaba al básquet en las inferiores del club Defensores de Santos Lugares.
Hoy me doy cuenta que un sí o un no en el momento justo pueden cambiar definitivamente mucho de nuestro futuro.

Recuerdo que hacía calor y como casi todos los días César venía a tocar el timbre de casa (cuando todavía se tocaba el timbre) para que salga a jugar, jugábamos al básquet en la vereda, tratando de meter la pelota en la banderola de la casa del vecino, ese vecino que increíblemente nunca se quejaba.
Fue cuestión de días tomar la decisión de transformar esa banderola en un aro de basquet.
– ¿Y si venís a jugar al Básquet del DEFE me pregunta César? porque él ya entrenaba en el club hacía unos meses.
Mi respuesta fue un rotundo SÍ. Le conté a mi madre mi inquietud y al día siguiente ya estaba mi padre llevándome de la mano camino al Club DEFENSORES DE SANTOS LUGARES. De todos los momentos vividos nunca pude sacarme ese de la mente, puedo ver las imágenes nítidas como si fuese hoy y sentir el olor inconfundible a bufete que cada vez que vuelvo a entrar me lleva a ese día.

Recuerdo lo primero que ví fué una biblioteca a la derecha y unos videojuegos en la entrada. Obviamente a esa edad fui derecho a los videojuegos, era tarde, pero mi padre quería conocer las instalaciones del club. A la semana siguiente ya estaba empezando a entrenar básquet en la categoría premini y lo hice durante casi dieciséis años de mi vida hasta llegar a primera. Me fuí enamorando de esas paredes azules y blancas y las fuí sintiendo mías. Y lo increíble fué ir notando que a cada uno de mis amigos les pasaba algo parecido. Siempre tuve esa sensación, que el club cumplió su misión al pié de la letra.
Lunes, miércoles y viernes eran nuestros días de entrenamiento y los sábados a la mañana los partidos, y acá viene la historia que quería contarle.
Después de cada entrenamiento o partido era ritual sentarnos a tomar una gaseosa todos juntos en la puerta del quiosco de Roxana, justo al lado de su casa.
Recuerdo el dia que sale su padre , yo tendría ocho o nueve años y estaba sentado pegado a la puerta , me mira, me acaricia la cabeza y me pregunta
– Como es tu nombre?
– Pablo, le contesté yo.
– Mi nombre es Ernesto ¿haces algún deporte en el Club?
– Sí, básquet.
– Hagan deporte que hace muy bién me dijo.

Y ahí quedó esa pequeña charla entre un niño y para mi, como lo llamé durante mucho tiempo mi vecino Ernesto, porque cada vez que lo veía en la puerta yo lo saludaba «hola Ernesto» y él me respondía con un «hola Pablo». Nunca Pablito, como me llamaban todos, y eso me hacía sentir importante en ese momento.
Un día ya con diez años aproximadamente, nuestra maestra de grado nos cuenta que nos visitaría un escritor Argentino muy reconocido, y que tendríamos que preparar las preguntas que quisiéramos hacerle. Y así fué, nos preparamos y al tercer día fué el momento de recibirlo. Me tocaba a mi abrirle la puerta de entrada y saludarlo.

Mi cabeza no entendía nada, habíamos hablado de él pero nunca nos habían mostrado una foto de quien era, mi vecino Ernesto estaba ahí, y yo tartamudeando le digo las tres o cuatro palabras que habíamos preparado para recibirlo. Con el mismo gesto que tuvo al verme sentado en la puerta de su casa, me acarició la cabeza y me dijo – Hola Pablo – como cada vez que me veía, no me gustan las cosas preparadas. Yo sigo siendo tu vecino, preguntame lo que sientas.

Hoy con 41 años, la niñez, el club, el barrio y Ernesto siguen presentes como el primer día.
Siempre digo que en Santos lugares las mañanas son diferentes, tengo la suerte de que mis padres siguen viviendo ya no en Estrada sinó en la calle que lleva su nombre a dos cuadras y media de mi segundo hogar y cada vez que paso por la puerta miro el mural pintado por la hermana de una queridisima amiga, (Nieves Fraga) y lo saludo con un «Hola Ernesto».

Si llegó hasta acá quizás es porque sintió mi historia un poquito como yo la suya.
El club de barrio sigue siendo un lugar importantísimo y vaya si su padre le dió lugar.
Leí que jugó al básquet en el club y que alentó varios equipos desde las gradas al igual que yo. Sabemos de lo que estamos hablando.

Hoy junto a algunos amigos intentamos volver al DEFE y vestir la camiseta nuevamente disfrazados de veteranos, jaja . Pero esta vez no para competir sino para sumar ideas y ver como se puede ayudar a un club en agonía real. Sentimos que tenemos que devolverle un poquito de todo lo que nos dió.
Realmente se nos hace muy difícil pero esas puertas no pueden cerrarse nunca. Hay que resguardar como usted dice, el Legado de su padre.
Mientras el olor único a buffet siga existiendo soy, y alguno más seguro será, inmensamente feliz.
Pablo Canzobre.

Compartir

Hormigas y Cigarras

Artículos relacionados

Destacado

Entrevistas

Medios Vecinales

Medios Vecinales

Ahora en Youtube

Entrevistas

La vivienda no puede estar sometida a la lógica financiera

Organizar las respuestas – Por Ricardo Aronskind

El precio oculto de la fast fashion

La primera plaza de Villa Santa Rita cumple un año

Clima

BUENOS AIRES

Staff

Editor Propietario
Daniel Giovannini
Editora Periodística
Graciela Gurvitz
Diseño web y soporte técnico
Ignacio Nesprías
Dirección
Nazca 2416
Teléfono
11­50431250
Correo Electrónico
hormigasycigarras@gmail.com
Registro de propiedad intelectual
RL-2025-72444102-APN-DNDA#MJ
Alta del dominio
09/04/2007

Institucionales

Hoy 1Total 96
Comenzaron este fin de semana las actividades del Carnaval 2025
“Algo viejo, algo nuevo, algo prestado” desde hoy en el Malba cine

Deja un comentario