Las fábricas recuperadas pasan por momentos de angustia
En la mañana de ayer, Eduardo Murúa junto a integrantes del Movimiento de Empresas Recuperadas se encadenó en las rejas del Banco Central, ante la negativa reiterada de sus autoridades de concederles una reunión. Fue una forma de manifestar sobre el momento crítico que atraviesan las recuperadas en general. Estuvimos en Arrufat, fábrica de chocolates del barrio de Paternal y conversamos con Adrián Serrano, presidente de la cooperativa.
En la mañana de ayer, Eduardo “Vasco” Murúa, junto a otras y otros integrantes del Movimiento de Empresas Recuperadas se encadenó a las rejas del Banco Central en la calle Reconquista 266. Publicó un video en sus redes sociales en el que explicó que habiendo realizado numerosos pedidos para ser atendidos por el presidente de la entidad y al no haber obtenido respuesta, tomaron la decisión de encadenarse hasta ser atendidos. Buscaban parar la sangría de dólares y que en su lugar se implementaran desde la entidad financiera, políticas para el sector.
Más allá de lo controversial que pueda parecer la medida subyace una situación muy complicada para las empresas y fábricas recuperadas, estén alineadas donde lo estén.
Una recorrida por la fábrica de chocolates Arrufat, emblema de las recuperadas en el barrio de Paternal, mostró la situación por las que atraviesa la fábrica y el sector. La charla fue con el presidente de la cooperativa, Adrián Serrano. En el relato de Serrano se mezclan decisiones políticas ajenas a la empresa, con un toque de mala suerte: “Hasta que asumió el nuevo gobierno nosotros habíamos tenido un subsidio por parte del ministerio de trabajo. Con este gobierno gestionamos un subsidio que estaba para salir y para que nos dieran. Era para materia prima. Pero en la letra chica del acta constitutiva de la cooperativa figurábamos equivocadamente como cooperativa de vivienda. Claro, no había ninguna razón para que nos entregaran un subsidio para comprar chocolate”. Así que por un lado perdieron el subsidio para puestos de trabajo y por otro lado se les frenó otro que podría haberles simplificado la vida con la materia prima. La cooperativa estuvo dos años para poder lograr aclarar esta situación en el estatuto. Más allá de las particularidades de Arrufat, les comprenden las generales de la ley y estas son las tarifas y la recesión. En el último mes pagaron de luz 109,000 pesos y de gas 26,000. A lo que Arrufat le suma que algunos de los insumos que utilizan están cotizados en dólares y suben automáticamente o hay desabastecimiento.
La fábrica llegó a tener 300 empleados. Eran 74 a la hora de armarse la cooperativa, la concretaron 34 y ahora son 16. Trabajan seis hora diarias de lunes a viernes y los retiros rondan los 1,500 pesos semanales y cuando la cosa va bien llegan a 4,000. Están pensando que si el país mejora un poco podrían convocar a jóvenes para transmitir el conocimiento del oficio y que Arrufat tenga un futuro.
Los sostiene también la mística que generaron los momentos épicos en los que ingresaron a la fábrica para defender su fuente de trabajo. “Se fueron debiéndonos 10 meses de sueldo, aguinaldos, vacaciones. Conseguimos plantarnos acá y que venga la dueña o algo, a darnos una explicación o una solución. Ahí nos contactamos con los muchachos del Bauen, ellos ya tenían experiencia en todo esto y nos acompañaron al INAES a hacer los trámites por la cooperativa. Lo que nos quedó marcado es la respuesta del barrio. La gente pasaba y acá donaba para que tengamos para hacer una olla popular. Pero es decepcionante para un trabajador ir a pedir. Es algo que se te cae la cara de vergüenza”, rememora Adrián del año 2009 y agrega que cuando comenzaron los remates “Habían venido por una máquina que es con la que hacemos el chocolate. Nos sacaban esa máquina y nos sacaban todo. Hoy no estaríamos produciendo. Cuando llegó la policía y vinieron para romper la puerta, los vecinos les negaron luz a la policía para enchufar una amoladora para poder romper la puerta. Estuvieron desde las siete de la mañana hasta las siete de la tarde acá. Cuando llegó la jueza negociamos con ella el levantamiento de la medida”
Obtuvieron una prórroga y finalmente el INAES y el Ministerio de Desarrollo Social de entonces pusieron el dinero y compraron la máquina con la que hasta hoy trabajan. En el medio vecinas y vecinos rodearon la fábrica y hasta llegaron a amenazar con quemar el carretón con el que pensaban llevarse la máquina. Adrián Serrano también se encadenó ese día, sin ninguna garantía de que no terminaría preso.
Envueltos en olor a chocolate y sin celofán concluimos con la recorrida por este presente complejo del sector y también por la historia que ayuda a sostener lo que se transita.
HyC
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