el futuro son los viejos

Mientras la sociedad envejece, las familias tienen cada vez menos tiempo para ocuparse de sus adultos mayores. Los cuidados a domicilio se perfilan como el servicio fundamental de una época que padece el retroceso comunitario frente al individualismo imperante. En este contexto nace una cooperativa de cuidados para la tercera edad a partir de una inédita alianza entre un megaempresario sojero y la Unión de Trabajadores de la Economía Popular.

 Florencia Pessarini

 Sebastián Pani

I bis tiene 78 años y comenzó a cuidar adultos mayores a los 60. “Igual que ahora, que muchas chicas se ponen a estudiar porque es el trabajo que más se pide”. En la pandemia viajaba todos los días en remís de Merlo a Palermo. Durante jornadas enteras calentó paños con la plancha hasta que a la señora se le pasó la tos. La llevaba a la guardia en plena madrugada y se quedaba hasta las 8 que llegaban los hijos. “Después me enfermé de Covid 19, estuve siete días internada y los hijos la metieron en un geriátrico”. Según le confiaron, ella era “la columna vertebral” del cuidado de su madre.

Las mujeres hemos hecho una entrada masiva en el mercado laboral, aunque todavía recae sobre nuestras espaldas, sin renta alguna, la parte más gruesa de la supervivencia de los propios. El cuidado de adultos mayores requiere conocimiento específico, pero también una vocación de fierro y mucha resistencia psicológica. Sin embargo, lejos de valorarse como un trabajo especializado, se amontona al interior del mercado informal como una extensión del trabajo reproductivo y doméstico. Su remuneración se calcula en base a la cuarta categoría de la Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares, con pagos que apenas superan los 4 mil pesos por hora o los 500 mil pesos mensuales, entregados en mano. Trabajan mayormente sin seguros, sin licencias por enfermedad ni cualquier otro derecho laboral.

La sociedad envejece mientras la tasa de natalidad cae sostenidamente en Argentina desde 2014. El porcentaje de adultos mayores —15% en la actualidad— escalará cinco puntos para 2040. El cambio demográfico impacta sobre familias cada vez más desintegradas y exigidas a tope por un hiperproductivismo generalizado. La gestión ultralibertaria ajusta sin piedad ni tregua a los jubilados. Lo que emerge entonces es una pregunta inquietante: ¿quién cuida a los viejos y a las viejas? Y hacia el futuro: ¿quién nos cuidará en nuestra vejez?

la economía popular no envejece

Las cuidadoras llegan a casas de ancianos que en teoría son autoválidos y se encuentran con que tienen que limpiar, cocinar, hacer compras, cambiar pañales o realizar tareas especializadas de enfermería como inyectar medicamentos. “Siempre se nos pide un poquito más”, dice Helena (35),y cuenta que las familias saben menos sobre sus seres queridos que sus cuidadoras. Andrea (50), otra cuidadora, recuerda que hasta le ha tocado, tras encargarse de todo el papelerío de una internación, reconocer el cuerpo de su paciente en el hospital porque “el hijo no quería verlo así”.

Elisa (50) suma su experiencia como trabajadora independiente en un geriátrico de Constitución: “Me contrataron para cocinar y cuando entré tenía que ayudar a higienizar a las personas porque eran como dos o tres chicas que las tenían de acá para allá. Cuando dije que hasta acá, me respondieron que no me iban a necesitar más. Igual yo tampoco quería ver más eso, cómo los trataban”. El futuro es para ella un interrogante: “Yo he trabajado toda mi vida, pero no tengo ni un aporte y digo: ‘pucha, cómo voy a hacer’”.

Cuando Ibis enfermó de Covid 19, el pago de su licencia y de su indemnización quedó sujeto a la buena voluntad de su empleadora, que a su vez entró en pánico porque la vida de una trabajadora informal aún se paga con juicios laborales.

Andrea trabaja para una agencia de esas tantas que aparecen en Google al comando de “cuidado de adultos mayores”. La contrataron por WhatsApp hace tres años. “Me escribió una señora a la que todavía no conozco, me preguntó si tenía disponibilidad y a la media hora me estaba mandando la dirección de donde tenía que presentarme. No me pidió referencias de nada”, cuenta y agrega que al hijo lo ve cada quince días, en el hall de un edificio del centro, donde le extiende un sobre. Ella, como tantas cuidadoras, se formó en la práctica. Contaba con cinco años de experiencia cuando llegó a esa casa de Flores en la que aún trabaja durante el día, pero vio cómo 17 compañeras desfilaron por el turno noche: “Todas las mañanas me encontraba con un problema distinto. Una vez me encontré a la señora toda empastillada porque vino una chica que no sabía leer”.

“Los viejitos me decían: ‘Venís vos y cambia todo, hacés la comida rica’”, cuenta Elisa mientras recuerda con tristeza las condiciones en las que encontraba a los pacientes de aquel geriátrico de Constitución cuando llegaba por la mañana.

Alejandro “el Peluca” Gramajo, secretario general de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) y referente del Movimiento Evita, afirma que “no hay tantos dispositivos ni privados ni públicos ni comunitarios para el acompañamiento de adultos mayores por fuera de los históricos geriátricos, que están bastante obsoletos”. Ese diagnóstico llevó a la UTEP a una alianza con el ex megaempresario agrícola Gustavo Grobocopatel para crear una empresa social dedicada al cuidado de los adultos mayores. “Cada vez hay más trabajo, pero el trabajo cambia y hay gente que queda fuera del sistema. La economía popular es un derivado del sistema capitalista, y creo que es el mismo sistema el que debería sanar ese problema”, explica Grobocopatel.

cuidarse de los algoritmos

CUIDARnos surge en el marco de una discusión sobre el futuro en Argentina Armónica, uno de los últimos impulsos estatales, en el cierre del gobierno del Frente de Todos, antes de la tiranía de la macro. Su funcionamiento huele a economía de plataformas: una red de cuidadoras de la economía popular carga sus pergaminos de formación y experiencia en una plataforma a través de la cual las familias —mayormente de clase media— pueden contratar sus servicios. Pero, aunque ellos mismos se hayan definido como un Uber de los cuidados, la plataforma no funciona en base a un algoritmo subyugante, sino a una estructura cooperativa de la que las trabajadoras son las dueñas. De hecho, detrás del marketing del empresario, la dinámica es bastante casera y replica la estructura de una orga cualquiera: los clientes se comunican con alguno de los coordinadores de CUIDARnos, que a su vez están en contacto con un referente de la UTEP, quien establece un diálogo con responsables territoriales que han tejido una red basada en la familiaridad y la amistad.

El proyecto tiene sus cimientos en una cooperativa de cuidados de adultos mayores nacida hace seis años en la ciudad de Buenos Aires que hasta hace poco nucleaba a 30 cuidadoras. Hoy son más de 300 las compañeras agrupadas también en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), La Plata, Mar del Plata, Rosario, Córdoba, Mendoza y otros puntos del país. “El desafío que se abre es tener la capacidad operativa, política y administrativa de abordar el trabajo desde una mirada estratégica, sin perder algo que para nosotros es elemental: el valor del trabajo colectivo”, dice Peluca Gramajo.

Casi todas las trabajadoras que integran CUIDARnos provienen de experiencias comunitarias. Helena empezó a estudiar enfermería en busca de una salida laboral rápida, pero trabajó en un geriátrico cooperativo fundado por una de sus docentes en la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) en el que aprehendió la dimensión socioafectiva del cuidado: “En Ohana, que significa familia, se buscaba desde ponerlos lindos a la mañana, cuidar su autoestima, hasta el bienestar emocional en sus actividades cotidianas. Viejitos que no hablaban por miedo porque venían de otros geriátricos en donde los maltrataron y empezaron a hablar, caminar, dibujar. La sociedad no es consciente de todo lo que se puede hacer para que un adulto mayor siga activo”, asegura Helena.

Otras vienen de organizar el territorio para bancar la parada a través de las ollas populares, o comenzaron a formarse como promotoras en salud. Para Gramajo la dimensión colectiva del proyecto marca un diferencial para las familias, que reciben un servicio “basado en el compromiso con el otro”. Para las trabajadoras significa abandonar el ostracismo y la lucha individual en la contienda de sobrevivir.

cooperativismo tano

La idea del cuidado por partida doble no nace con CUIDARnos. De hecho, no es la primera ni la única cooperativa dedicada a la atención de adultos mayores. Josefina Sánchez, presidenta de la Federación de Cooperativas de Trabajo de Cuidados Integrales de Argentina (FECOOP CUIDAR) y referente de Soltrecha, cooperativa nacida en Resistencia para contener a los descendientes italianos de Trento en plena crisis de 2001, afirma que lo esencial del modelo es “insertar mujeres que estaban por fuera del sistema laboral en un esquema de aportes jubilatorios”. Sánchez, como Gramajo, enfatiza que el servicio de una cooperativa tiene un diferencial por sobre el de una empresa privada: “Constantemente nos estamos capacitando con distintas entidades, pero también entre nosotras. Buscamos profesionalizarnos para brindar un servicio de calidad a la comunidad”.

Soltrecha provino de la experiencia cooperativista italiana de los años 60 que el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) empezó a estudiar en 2016 para crear dos años más tarde la Incubadora de Cooperativas de Cuidados de Adultos Mayores. Según Sánchez, la Incubadora le dio “visibilidad al sector” y les mostró a las cuidadoras domiciliarias el camino de la autogestión. “Creo que fomentó que se sumaran muchas más cooperativas”.

En este tipo de experiencias las trabajadoras cuentan con seguros de accidentes personales, licencia por enfermedad y asistencia psicológica. La cooperativa actúa, además, como red de contención del empleo ante las vicisitudes cotidianas, desde tareas reproductivas hasta problemas logísticos con el transporte. En CUIDARnos, en particular, la hora corresponde a la de un asistente gerontológico, que está por arriba de 5 mil. “Hay en las cooperativas una lucha por reconocimiento profesional, por lo que terminan cumpliendo también un rol gremial”, dice Gustavo Sosa, abogado e investigador que trabajó diez años en el INAES y coordinó la Incubadora.

Pero sostener una cooperativa no es fácil. De las tantas que surgieron a partir de 2018, con un pico importante durante la pandemia, hay muchas que no sobrevivieron: “La cooperativa tiene que administrarse, cumplir recados, obligaciones legales, tributarias, y esa es una carga compleja para las que están muy solas», dice Sosa.

“Muchas de las nuevas cayeron con esta crisis, otras están resistiendo”, señala Sánchez y apunta que de ochenta asistidos que tenían en Soltrecha hoy tienen cincuenta. Laura Vacca, de Ohana, también atraviesa los desafíos económicos de sostener económicamente los retornos de los asociados con “familias de clases trabajadoras que no pueden afrontar el gasto de la internación y de insumos básicos, como pañales”.

qué hay de nuevo bajo el sol

Si CUIDARnos no inventó el buen cooperativismo, su promesa es lograr “que una cooperativa sea tanto o más competitiva que una empresa privada”, afirma Gustavo Grobocopatel. “Con Peluca Gramajo quisimos ver si funciona que las trabajadoras sean emprendedoras”, menciona en una entrevista que tuvimos.

Me llama la atención el término “emprendedoras” porque justamente lo que hacen las cuidadoras al integrarse a la plataforma es dejar de ser cuentapropistas para trabajar con una cooperativa a sus espaldas.

Son emprendedoras porque son dueñas de la plataforma.

El zar de la soja aclara que no es dueño, accionista ni inversor de CUIDARnos. Financió a la cooperativa con un préstamo a tasa cero que deberá devolverse a dos años con los excedentes de la plataforma. Trabaja junto a la UTEP en la definición de un modelo de negocios, el desarrollo comercial, aporta contactos, transmite el know how empresario.

¿La idea es que los movimientos sociales reemplacen el financiamiento público con financiamiento privado como el que vos aportás en CUIDARnos?

Para mí la plata es lo de menos. Lo que se necesita es un cambio en la cosmovisión de los movimientos sociales o de los trabajadores de la CGT. Pasar de mitigar problemas a aprovechar oportunidades —dice Grobocopatel.

No se trata de emanciparse del Estado sino de utilizarlo de manera más planificada —agrega Gramajo—. La Ley de Emergencia Social [aprobada en diciembre de 2016] para nosotros fue importante, pero con el gobierno de Alberto Fernández las herramientas que habíamos conseguido para abordar la economía popular se terminaron convirtiendo en un elemento para apagar el conflicto social y no para generar mejoras para el sector. Hay un debate abierto sobre lo que pasó en los últimos años.

Se trata de volver a generar esos derechos en forma sustentable en un mundo que ha cambiado. La trabajadora de cuidados no tiene derechos, no tiene seguros, no tiene seguridad social —dice Grobocopatel.

Restaurar los derechos laborales es para el Gobierno de Milei una solución del siglo XX.

El siglo XXI está virando muy rápidamente a una economía de servicios. El pago de todo tipo de servicios domésticos tiene un porcentaje cada vez mayor en la canasta familiar. El hecho de que las trabajadoras puedan generar su propio trabajo y no depender de terceros, eso me parece muy de este tiempo. Volver para atrás sería hacer trabajos que ya no son viables, que no se necesitan —reafirma Grobocopatel, y admite que el proyecto funciona para él como una especie de laboratorio para experimentar en un negocio poco explorado.

Pero en un modelo de negocios que funciona en parte gracias a su reducida estructura, sin transferencias de valor significativa en intermediarios y puestos gerenciales, ¿dónde estaría el incentivo empresario para que este modelo pueda replicarse?

Lo más importante del modelo de negocios es que el cuidado está a cargo de una cooperativa y no de una persona individual. El pago del servicio incluye no solamente la formalización de la trabajadora, sino todos los seguros de riesgos de accidente de trabajo y los cuadros de reemplazo. Eso desde el lado del cliente es un valor enorme —dice Grobo.

Gramajo señala que otra pata importante del proyecto surge de pensar cómo poner la tecnología al servicio de los trabajadores y cita al papa León XIV sobre los desafíos de la humanidad para imponer límites al proceso de revolución tecnológica.

La aplicación Up&Go, fundada en 2017, con sede en Nueva York, funciona como un antecedente de plataforma cooperativista. Producto de la iniciativa y el financiamiento de dos organizaciones sin fines de lucro e integrada por tres cooperativas tradicionales de limpieza, contempla derechos laborales y el 95% del total del precio del servicio se destina al salario de las trabajadoras, mientras solo un 5% sostiene la infraestructura digital.

atención gerontológica

Un cliente de CUIDARnos dice que 24 horas de atención para su tío le cuestan 5 millones de pesos al mes. Raúl cuenta que es el único familiar de su tío y que intentó que fuera a un geriátrico, pero “para él, que estaba acostumbrado a vivir solo, fue una experiencia muy estresante”. Un geriátrico de buen nivel con habitación compartida le costaba entonces 8 millones de pesos, y con habitación privada 10 millones. En el otro extremo está la cooperativa Ohana, en la que la habitación compartida entre cuatro cuesta un millón y medio de pesos al mes.

Raquel vive en Colegiales y está averiguando opciones para cuando avance su enfermedad neurodegenerativa. Su médico le dijo que en un geriátrico su enfermedad corre el riesgo de empeorar y las experiencias de su entorno con cuidados a domicilio tampoco son buenas. Le gustó un complejo de departamentos con atención gerontológica, pero cuesta 12 millones de pesos al mes. Las prepagas cubren exclusivamente servicios de internación domiciliaria, por lo que todo aquel que necesite servicios de cuidados tiene que judicializarlos. En marzo, Raquel ganó un recurso de amparo para que OSDE le cubriera un acompañante terapéutico. Su abogada, Suyay Pérez Montenegro, especializada en temas de salud, lleva litigados cincuenta casos de este tipo en lo que va del año, que “en general se ganan”.

“No hay una ley que reconozca al cuidador domiciliario como un profesional del área de la salud”, dice Sánchez, aunque agrega que desde Soltrecha han podido establecer convenios con obras sociales que por impulso propio han incorporado las prestaciones de cuidados domiciliarios a su cartilla, o la atención de PAMI a través de amparos judiciales.

diferentes clases de cuidado

Las familias argentinas mutan hacia modelos ensamblados, monoparentales o directamente unipersonales. En la ciudad de Buenos Aires un 35% de los adultos mayores viven solos, pero la situación cambia en los sectores populares, en los que aún priman retazos de formas comunitarias. Es común que los migrantes bolivianos, por ejemplo, repatrien a sus padres una vez que han tenido hijos en Argentina. Así, nietos y abuelos son los extremos de una red de contención mutua, determinada también por la espacialidad que habitan. Pablo Fernández Rojas, boliviano, vecino del Bajo Flores, relata que las comunidades de migrantes limítrofes “reproducen ese trabajo para terceros y delegan este tipo de cuidados a la simple contención del espacio que habitan: casas pensadas para mucha gente y habitadas por todavía más personas”.

El modelo de la cooperativa parece recuperar algo de esta forma afectiva de cuidado, al tiempo que protege a quienes la sostienen, apostando a un proceso de formalización de una rama de la economía popular fuertemente feminizada. Se estima que la UTEP agrupa a más de un millón de trabajadoras vinculadas al cuidado y a unas 400 mil dedicadas a los adultos mayores.

Ibis y Elisa son dos de las tantas que han trabajado siempre en la informalidad. Andrea, congresista de la UTEP a nivel nacional y provincial, todavía trabaja para aquella señora de Flores “por una cuestión de compromiso”, y en paralelo es responsable de organizar a las compañeras de San Miguel en CUIDARnos. A través de la cooperativa, que trabaja en conjunto con distintas universidades públicas, ya hizo dos capacitaciones y ahora está cursando una tercera en enfermería para adultos mayores.

Peluca Gramajo cita a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) cuando dice que en Argentina podrían generarse alrededor de 800 mil nuevos puestos si se planificara el cuidado de adultos mayores. Ante la ausencia total de políticas públicas, el empresariado argentino tampoco pone su ingenio al servicio de la economía plateada, tal como se denomina a las actividades y servicios orientados a satisfacer las necesidades de los adultos mayores, que en países como Estados Unidos ya genera buenos excedentes. Aunque Grobocopatel ponga el acento en el cambio de chip que necesitan los movimientos sociales, acaso también esté espabilando a los suyos: pronto seremos viejos y no habrá quien nos cuide.

*Esta nota forma parte de una serie de colaboraciones conjuntas entre la Fundación Rosa Luxemburgo y la revista crisis sobre el mundo del trabajo.

FuturoPolíticas del cuidadoTra

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